• La Belleza de la Creación
    La Belleza de la Creación

    Todo ésto es obra de un Dios que nos ama.

  • La Anunciación
    La Anunciación

    Por obra del Espíritu Santo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad se hace Hombre.

  • Alegría
    Alegría

    La alegría es un don del Espíritu Santo sobre nuestros corazones.

  • San Pío de Pietrelcina
    San Pío de Pietrelcina

    Es imposible alcanzar santidad alguna si no tratamos al Espíritu Santo. Todos los Santos han tenido un especial trato con Él.

  • Está presente en la Creación
    Está presente en la Creación

    Por el Espíritu Santo es creado todo el Universo.

  • Profetas
    Profetas

    Los profetas hablaron movidos por el Espíritu Santo.

  • Pentecostés
    Pentecostés

    María Santísima y los Apóstoles reciben al Espíritu Santo.

  • La Sagrada Eucaristía
    La Sagrada Eucaristía

    Por el Espíritu Santo, el pan y el vino se transforman en el Cuerpo y Sangre de Cristo.

¿Como pagar a Dios todos los bienes que de Él recibimos?

¿Es posible pagar a Dios todos los bienes que de Él recibimos?: esta es la pregunta que muchas personas se hacen. Y la respuesta es muy sencilla: si, es posible pagar a Dios todos los bienes que de Él recibimos. Y, ¿cuál sería la forma de hacerlo? Pues muy fácil: ¡Déjate amar por Él!. Lo que el corazón de Dios quiere con locura es que nos dejemos amar por Él, con el fin de endiosarnos, con el fin de hacernos semejantes a Él.

Una de las mayores alegrías que reciben los papás de sus pequeños es que éstos respondan al amor de éstos, ante unas caricias, ante unas risas, ante unos besos, ante unos cuidados, etc...

Y dejarnos amar por Dios es dejarnos poseer por el Espíritu Santo: que todo nuestro ser y actuar sea fruto de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.

La vida cristiana es una vida que tiene su fundamento en la humildad; no se fundamenta en los méritos y en las conquistas personales, es vida de gratitud, gratitud hacia un Dios que hace mimos con locura a sus pequeños. Hemos de ser pequeñitos y dejarnos cuidar por Dios: pensemos en un niño pequeñito, cuidado y alimentado por sus papás, rodeado de caricias y ternuras. El niño todo lo que tiene lo tiene por sus papás, y no hay dolor más grande que ante unas caricias responda con ingratitud. Sin embargo, cuando el niño responde con unas sonrisas y se dejar acariciar por éstos, el corazón de los papás se inflama de alegría. Pues así es el corazón de un Dios, que está loco de amor.

Si no dejamos que el Espíuritu habite en nosotros no nos dejamos amar por Dios. Y es más: sin el Espíritu Santo no podemos hacer nada.

Los discípulos, antes de Pentecostés, habían visto con sus ojos a Jesús resucitado; han tenido ante sus ojos un hecho maravisollo, por el cual han conocido que Jesús es Dios, quien tiene verdadero poder sobre la vida y la muerte. Ante ellos está el Resucitado, y sin embargo siguen escondidos, con miedo y sin fuerzas. Sus inteligencias han conocido, pero la debilidad humana y la voluntad humana no puden nada, a pesar de haber visto maravillas: alegría y gozo en sus corazones por el asombro de la Resurrección, pero no tienen fuerzas.

Sólo cuando reciben al Espíritu pueden hacerlo todo. Y esta es la verdadera humildad, reconocer que sin Él nada podemos, por mucho que estudiemos y sepamos sobre Dios. Dejarse amar por Dios, siendo humildes es la forma de pagar a Dios.

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Por Isaac Vidal, licenciado en teología moral y espiritual

 

Necesidad de vivir en el Espíritu

Hoy en día muchas personas padecen soledad humana; y muchos piensan que están solos, pero la realidad es otra: solo está quien se empeña en estarlo, quien se empeña en vivir sin Dios.

Quien vive en Dios y para Él siempre está acompañado, primeramente por Dios, por su Santísima Madre, por todos los Ángeles y todos los Santos.

 

Hoy en día, las personas viven agobiadas, inmersas en un mundo lleno de exigencias, por conseguir logros y conquistas que son puramente humanas. Los trastornos psicológicos han aumentado considerablemente, sobre todo en occidente: la persona es esclava por conseguir méritos que la hacen, supuestamente, más valorada por parte de la sociedad. Y la paradoja es que hablamos de libertad. ¿Vivir esclavos de la imagen personal y de la estima de otros es libertad?

No hay tiempo para Dios, aseguran muchos. La jornada no da para ir a Misa, para hacer un rato de oración todos los días, para rezar, junto a nuestra Santísima Madre, el Santo Rosario. No hay tiempo....

 

La realidad es una: el tiempo sólo se pierde cuando no se vive para Dios. Sólo Dios puede hacer verdaderamente libre al hombre. Sin Dios todo es apariencia de bien, pero falsa libertad.

De aquí la necesidad urgente de vivir en el Espíritu Santo, de pedir su asistencia para que reforme nuestra casa interior, y una vez reformados nosotros podamos ser Sal y Luz para otros: de nuestra conversión dependen muchas cosas.

¡Ven Espíritu Santo, accede a nuestro corazón y moldéalo según el Sagrado Corazón de Jesús!

 

 

 

Pentecostés

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar. Y de repente sobrevino del cielo un ruido, como de un viento que irrumpe impetuosamente, y llenó toda la casa en la que se hallaban. Entonces se les aparecieron unas lenguas como de fuego, que se dividían y se posaban sobre cada uno de ellos. Quedaron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas, según el Espíritu les hacía expresarse.

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Introducción a la Teología. Capítulo 3Introducción a la Teología -Segunda Parte-

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Don Javier Sesé, profesor de Teología en la Universidad de Navarra.


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